… al límite del bosque mágico

Cuando surge la defensa del autismo como condición, como cultura y no como enfermedad, el mundo parece dividirse en dos: neurotípicos y neurodivergentes. Donna Williams introduce la idea de que existe un tercer grupo de personas: los gadoodleborgers, es decir los traductores o personas puente entre esos dos mundos.

A lo largo de los años me he visto envuelta en conversaciones con mis compañeros de trabajo que se dedican al autismo, que hacen referencia a esa fascinación, entrega y peculiaridad que detectamos en nosotros mismos como grupo diferente al resto, aunque no siempre seamos capaces de describirlo con éxito. 

El trabajo de Donna ha supuesto para mi una idea reveladora y quizás esta sea la clave, inventar una nueva palabra para denominar a aquellas personas que abordan las diferencias con creatividad, las que desde el respeto crean puentes y derrumban fronteras. Disfrutad del poema.

Gadoodleborger

La espió en un bosque mágico,

criatura sensible que no necesitaba a nadie

Y soñó en cómo podrían unirse

allí, pronto, se convertiría en su compañero

y entonces la guió hacia el lugar

que conocía, un mundo de jerarquía y

poder.

Y allí ella empezó a morir, como

una flor que se marchita

su corazón comenzó a romperse en el interior, sólo

le podía dar una cosa

Devolverla a su mundo de sentimientos, aquel

en el que podría encontrar de nuevo el deseo de vivir

Y allí a medida que ella revivía

Sintió algo que no había notado antes

Que él tampoco era de aquel mundo,

Un Gadoodleborger, había sido.

Que él caminaba entre dos mundos,

Por fin lo entendía ahora.

Y por éso decidieron hacer su casa

en ninguno de los dos mundos, al límite

del bosque mágico.

* Traducción al castellano de Olga Lalín.

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Contraportada de Hada Esther, nuestro cuento sobre las personas puente.

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Azul

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Recuerdo muy bien la misma pregunta siempre “¿el niño señala?” “, recuerdo además que yo creía que sí pero después entendí que Manuel no señalaba y cuando empezó la terapia supe que habría que enseñárselo explícitamente.

Algunas veces llegaba a Vínculo y veía en el aula a un muñeco Elmo  colgando del techo con el  que Esther trabajaría esa habilidad. Señalar para hablar, el dedito índice pidiendo algo como el comienzo de la comunicación y el lenguaje.

Después de este aprendizaje de dos años y medio, señalar aún no es una destreza que Manuel haya adquirido como un patrón habitual en su conducta pero sí ha desarrollado lenguaje funcional y más facilidad para hacer peticiones.

“Azul” es un poema que cuenta esa aventura: un niño con TEA que aprende a señalar y a hablar y una mamá esperando.