El autismo, mi amante.

Sé que puede parecer insólito referirse a un trastorno así de esta manera pero es una parte de la realidad que me ha tocado vivir.

El día 19 de enero de 2011 conocí sin quererlo en Santiago de Compostela al que iba a ser mi inoportuno amante para siempre: el autismo. Se presentó sin avisar, sin llamar a la puerta, se coló sin permiso en mi vida de pareja. No era un compañero de trabajo, ni un amigo de una amiga, ni alguien a quien conoces en un bar. Era un extraño que se convirtió en amante de los que te hace vivir la vida de manera intensa, de los que te llama al móvil a cualquier hora.

El autismo afecta a todas las esferas de la vida social y familiar, y, como no, también a la pareja. Aceptar el trastorno fue más fácil para nosotros que comprenderlo, actuar rápido  y buscar apoyos fue fundamental. Tengo la suerte de contar con un compañero de viaje excepcional que siempre ve hacia el futuro con esperanza, que me arrastra con él por ese camino y que me ayuda a encajar todos los días las piezas de este puzzle.

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