Un niño con autismo y un columpio.

Tiene ocho años.

Aprendió a columpiarse el mismo día que los cumplió… creo que fue su regalo para nosotros, hasta la fecha habíamos sido esclavos de la altura exacta que el columpio debía alcanzar en cada balanceo.

Ese día fui capaz de sentir su felicidad porque lo transmitía con su cuerpo moviéndose extrañamente de manera coordinada.

Detrás de ese momento mágico de aprendizaje había horas de vuelo dirigidas por su terapeuta, había intervención específica con apoyo visual, había paciencia paciencia y paciencia, y más paciencia, había también esperanza y por supuesto muchas dudas de que llegase algún día llegase a conseguirlo.

Porque si desgranamos la intervención, hubo intervención para que pudiese entender el movimiento del columpio, intervención para que pudiese comprender los aspectos sociales que rodean el “momento columpio” (y que nos juegan malos ratos de vez en cuando como os podreis imaginar): pedir permiso, esperar, ceder el columpio, esperar de nuevo y volver a subir…

El día llegó la ansiada recompensa sólo algunos lo pudimos apreciar.

En medio de los gritos de todos los demás niños y niñas, de sus  carreras y sus juegos y de las charlas despreocupadas de sus familias, un niño se pudo columpiar.

columpiar

Autor pictogramas: Sergio Palao Procedencia: ARASAAC (http://arasaac.org) Licencia: CC (BY-NC-SA) Propiedad: Gobierno de Aragon

En los siguientes sitios web podreis encontrar imágenes y material que os serán muy útiles si vuestro hijo o hija se encuentra en este proceso:

#Soyvisual de la Fundación Orange

Pictoaplicaciones

También os recomendamos estos artículos en los que se tratan la percepción sensorial y en concreto la propiocepción (Autismo Diario), “… y Manuel jugó con el viento” En El sonido de la hierba al crecer también encontrareis mucha información y materiales.

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4 pensamientos en “Un niño con autismo y un columpio.

  1. Mi querida Olga hoy más que nunca imagine cada una de tus palabras, lloré, leí tres veces tu texto, y la compartí con mi esposo.
    Sin duda solo las madres de estos maravillosos ángeles podemos entender lo que significa cada agigantado paso, que como mencionas para otros es simplemente eso… un paso.
    Gracias por todo, por tus escritos, por tu proceso con tu hijo, por tus enseñanzas…Gracias

  2. Pingback: Un niño y un columpio | Psicologos en Bilbao, Yolanda Pérez

  3. Pingback: El premio GSD en blanco y negro. | alto alto como una montaña

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